
El nuevo proyecto de Spike Jonze, “Where the Wild Things Are“, es una aventura cinematográfica hacia la madurez. La cinta basada en el libro de Maurice Sendakes un ejemplo de cómo entender el lugar que ocupamos en el lugar llamado “familia”; es un proceso de crecimiento a través de un viaje en la imaginación.
Max (Max Records) es un niño como cualquier otro, siempre buscando con quien interaccionar y quien cree que no tiene un espacio en su familia. El viaje que Max emprende se da a partir de un enfrentamiento con su madre — interpretada por Katherine Keener, actriz recurrente en la filmografía del director –. Max cruza mares peligrosos hasta llegar a una isla, habitada por seres especiales parecidos a seres monstruosos.
La cinta dota al protagonista de una madurez al interaccionar con estos complejos seres, los cuales cuentan con diferentes personalidades. Sin embargo, esta travesía no es tanto miel sobre hojuelas y ahí es donde creo que la cinta no es tanto para niños a pesar de que así se muestre por su material original.
A mi gusto, creo que la cinta cuenta con una violencia visual y psicológica que no es tan agradable a la vista de niños menores de 10 años. Algunos personajes están dotados de personalidades muy depresivas y otros con actitudes negativas.
Parece que cada personalidad de los monstruos construye la de Max: la ira que siente por el rechazo de su hermana y el enojo que tuvo con su madre, la búsqueda constante del mismo por un “lugar seguro”, la depresión que lo persigue, el ser soñador e inseguro. Estas características hacen que los monstruos cuenten con un carácter oscuro y violentos. Pero también hay que mencionar que estos seres ofrecen a Max la visión de comprender lo que es una familia, pues ellos siguen las normas de una comuna.
El conflicto central de la cinta es el entendimiento por parte de Max de reflexionar que ocupa un lugar en la “familia”. La familia es un espacio donde cada integrante dota un engrane para el movimiento de la misma. Por eso, Max es vital en su familia así como lo es cada monstruo para el grupo.
El score de la cinta — Orquestado en conjunto por Carter Burwelly Karen Orzolek– es increíble y acompaña la evolución de Max. El soundtrack dota de dinamismo y fuerza a cada una de las escenas de la película. Cada acorde es una reflexión a los sentimientos de los personajes.
La fotografía tiene momentos muy bellos, sin embargo, éstos se ven desdibujados al contar con un manejo de cámaras en constante movimiento y un tanto nervioso. Es interesante la unión entre ligeros momentos de animación CGI y que los monstruos sean de peluche, la cual me recordó en algunas secuencias a los trabajos realizados en cine por Jim Henson como “The Dark Crystal” y “Labyrinth“. La expresión facial de los monstruos es emotiva y realista.
Estos detalles hacen que la cinta se mueva entre la media. El ingenio visual de Jonze deja en claro que volvió a ser niño con este proyecto ya que en éste, su tercer largometraje, se siente fresco y libre de la visión de Charlie Kaufman; pero no es un trabajo completamente redondo al mostrar un trabajo para niños con toques muy oscuros, posee un ligero exceso en la violencia y a ratos se siente sin un ritmo constante.
No es una película para niños, ni exclusivamente para adultos. Es una película para adultos con el fin de entender como vive, siente y piensa un niño de 8 años. El que espere una historia infantil que nace desde una mente adulta, se equivoca. El que espere una historia adulta entre líneas en un ambiente de cuento, se equivoca.
Me gusta:
Sé el primero en decir que te gusta esta post.